Epílogo

​De nuevo la calma. Esta vez, el silencio que la envuelve es más puro, lleno, carga mi propio peso y alivia mis cansados músculos, quita cada aspereza, cada preocupación, mi mente está completamente en blanco mientras la sangre que fluye por mis venas se adormece a la espera de escribir por última vez, el último verso; mi latido, una última nota, siento el cálido regazo del epílogo y me dice que ya no debo continuar.

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