Beyond the world

Volvieron a llamar para el abordaje y en esta ocasión fué por última vez

El hombre subió a la gran máquina de metal, se lo veía cansado, cabizbajo, como cargando un gran peso sobre sus hombros.

El tren comenzó su marcha:

“chucu, chucu, chucu”

Cada vez se oía a un ritmo más veloz mientras las vías dejaban atrás las grandes urbes.

El cristal empapado por las gotas de lluvia casi dejaba sentir la suave brisa de la montaña.

El ahora anciano dejó correr una lágrima por su rostro y advirtió de lo erizado de su piel al recordar aquellos acordes tristes de piano y violín.

Empuñó la carta y la acercó a sus labios para impregnarse con su aroma, si, pronto la volvería a ver.

Cerró los ojos, ahora pasado, presente y futuro transcurrían al mismo tiempo, de hecho, ya no existía el tiempo.

Se abre una nueva dimensión y ya no le duele, ya nada pesa porque sabe, él sabe que está cada vez más cerca.

El mundo es ya una utopía, todo lo que creía conocer, perdió su valor, su lógica, su sentido, excepto una cosa. El se aferra a ella, no la dejará ir, no importa a que costo, no la perderá de nuevo.

Su mente se libera, descubre la entrada a diferentes planos en donde los matices hacen juego con el silencio reinante en este cielo vacío donde puede navegar, donde puede ser y será.

De repente se escucha una voz estridente que irrumpe la atmósfera, es el guarda anunciando la última parada del destino.

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