Wabi Sabi

Un pequeño reloj encima de la mesa de luz marca las 3 a.m

Cerró los ojos una vez más, respiró profundo y suspiró lentamente.

El humo del cigarrillo nubló el nocturno paisaje de la metrópolis.

Todo se veía tan borroso, tan confuso, tan difuso. Las luces parecían desfasar todo lo que sus ojos alcanzaban a ver. Volteó atrás para volver a contemplar el cuerpo que yacía en la cama de aquel sucio motel. Sonrió.

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