Meraki

– Abre la puerta. Gritó la madre enojada.

– No lo haré, vete. Respondió el muchacho desde su habitación.

Kadiah era el típico adolescente respondón, la vida no había sido tan gentil con él. A la edad de 7 años su padre había fallecido a causa de una enfermedad terminal y desde entonces sólo tenía a su madre; y a su guitarra, una fender stratocaster del año 1969 que había recibido como presente de su abuelo para su cumpleaños 16.

“Juro que esta noche podría escribir los versos más tristes” murmuró para sí mientras contemplaba su cuaderno.

– Todo podría haber sido tan diferente.

Pero no lo era y Kadiah lo sabía. Esa noche simplemente dejó que su alma llorara sobre papel en forma de poesía, y es que la poesía, era el lenguaje por el cual realmente podía fluir.

Ah! Si las páginas de su cuaderno hablaran…

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